5 jul. 2017

El papa Francisco a divorciadas: Los hijos no pueden ser rehenes entre ustedes y los padres

El papa Francisco a divorciadas: Los hijos no pueden ser rehenes entre ustedes y los padres
El Arzobispo de Toledo y Primado de España, Mons. Braulio Rodríguez, publicó hoy una carta en la que cuenta cómo fue el reciente encuentro que tuvo él con 35 mujeres separadas y divorciadas en el Vaticano con el papa Francisco.
En el texto dado a conocer por la Arquidiócesis de Toledo este 5 de julio, el Prelado señala que “el Santo Padre pidió que, ante los hijos, estas madres no hagan de ellos rehenes entre ellas y sus padres”.

“El tono del Papa era el de un conocedor del drama que se instala en el corazón de los que se separan y exhortó a considerar siempre ‘el bien de los chicos’. La situación preocupante en nuestra sociedad es que lo ‘provisorio’, lo provisional se instale en ella, pues lleva a la ruptura matrimonial, drama cada vez más frecuente”.
El Papa, continuó el Arzobispo, sugirió con insistencia leer la exhortación Amoris Laetitia, “pero entera, capítulo a capítulo, sobre todo el capítulo cuarto, centro del documento”.
Mons. Rodríguez relató que en el encuentro todas las mujeres “sintieron que el papa se mostró muy cercano con ellas y sus preguntas. 
El encuentro del Papa y las mujeres divorciadas y separadas se realizó el pasado lunes 26 de junio en el Vaticano.

La carta completa del Arzobispo de Toledo 
UN ENCUENTRO GRATIFICANTE
Escrito semanal del Sr. Arzobispo de Toledo don Braulio Rodríguez Plaza
9 de julio de 2017
El lunes 26 de junio de 2017 fue una tarde calurosa en Roma. A las 4 nos esperaba el Papa Francisco. ¿Cómo es que nos esperaba? ¿No debíamos ser nosotros quienes le esperáramos a él? Nos esperaba sin protocolos, en una sala pequeña. Hasta allí llegamos, nerviosos porque faltaban algunas mujeres y temíamos que no llegaran por los problemas de abordar un taxi y el tráfico de Roma. “Sin protocolos”, apuntó un secretario del Papa. Nos sentamos silenciosos y expectantes. No sabíamos qué sucedería y cómo sucedería.
Y sucedió todo de un modo tan natural, tan en familia, tan parecido a un encuentro entre quienes se quieren, que, pasados ya algunos días, nos decimos admirados: “¡Qué bien, qué maravilla de hora y media conversando con el Papa de “nuestras cosas”! El Papa Francisco saludó uno por uno a todos, con su sonrisa y algunas palabras dirigidas a cada uno. Nos sentamos. Muy brevemente agradecí yo a Su Santidad su enorme generosidad para con nosotros. Le presenté cómo surgió el grupo de mujeres “Santa Teresa” y concluí que estábamos allí para “platicar” con el Papa de lo que estas mujeres llevan en su corazón. Son mujeres separadas o divorciadas, con hijos que están, tal vez, bajo su custodia, si son pequeños.
La carta que meses antes escribieron ellas al Papa quizá llamó su atención; ahora, aunque llevaban escrito lo que iban a decirle quienes hablaron en nombre de todas, se dirigieron al Papa con emoción, pero con decisión. Preguntaron al Papa y él, despacio, sin prisas, iba respondiendo de modo sencillo. Fueron palabras de aliento del Santo Padre a seguir el camino emprendido, a acogerse unas a otras, a vivir su situación sin rencor, perdonando y pidiendo perdón. Recuerdo que Francisco razonaba diciendo que los hombres y mujeres no tenemos vocación de permanecer heridos; hemos de acostumbrarnos a vivir con la cicatriz que produjo la herida, porque la cicatriz puede dar dignidad. El perdón es difícil, pero va a la herida y a quien hirió. Es un camino y una gracia de Dios ese perdón. No se puede perdonar sin una gracia de Dios.
El Santo Padre pidió que, ante los hijos, estas madres no hagan de ellos rehenes entre ellas y sus padres. El tono del Papa era el de un conocedor del drama que se instala en el corazón de los que se separan y exhortó a considerar siempre “el bien de los chicos”. La situación preocupante en nuestra sociedad es que lo “provisorio”, lo provisional se instale en ella, pues lleva a la ruptura matrimonial, drama cada vez más frecuente. Sugirió con insistencia leer la Exhortación “Amoris Laetitia”, pero entera, capítulo a capítulo, sobre todo el capítulo cuarto, centro del documento. Pienso que es una importante insistencia.
Me gustaría subrayar que cuantos intervinieron en el encuentro (Delegado de familia y vida, el grupo “Santa Teresa”, Vicario Judicial, etc.) insistieron en que esta experiencia pastoral ha nacido como parte de la pastoral familiar de la Diócesis, formando parte de esta Delegación. “Era como si estuviéramos en una de nuestras reuniones mensuales de nuestro grupo”, comentó alguien. Todas sintieron que el Papa se mostró muy cercano con ellas y sus preguntas. El clima
de alegría, de ser acogidos como miembros de una misma familia continuó cuando ellas entregaron al Papa unos sencillos regalos y Francisco regaló un rosario a cuantos estábamos allí.
Interpreto que en esta tarde con el Papa hay que destacar cosas importantes. Primera: este grupo de mujeres querían agradecer al Papa después de haber sido sumamente reconfortadas con la lectura de “Amoris Laetitia” personalmente y en su encuentro mensual. Ahí está la historia del grupo, cuando las primeras decidieron crearle. Allí contaron su historia, tal vez llorando, pero siendo acogidas y sintiendo que no están solas. Segunda: hay que seguir adelante como grupo y abrirse a tantas otras mujeres y hombres que viven este drama de la ruptura matrimonial; para ello hay que salir, acoger, escuchar, acompañar.
Pero lo más asombroso para todos fue escuchar de labios del Papa Francisco: “Les agradezco el que hayan venido a estar conmigo y contarme esta experiencia. Me hace bien”. Nosotros sentimos que este encuentro con aquel en el que hoy vive Pedro es impagable, y su disponibilidad inaudita. Nos sentimos queridos y agraciados. Muchas gracias a Su Santidad el Papa Francisco.

+Braulio Rodríguez Plaza, arzobispo de Toledo. Primado de España


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