El "escudo de cristal" y la tempestad de hierro
Por: Fred Alvarez Palafox
@fredalvarez
La coreografía del refugio
La política mexicana suele bailar a un ritmo que desafía la lógica del ciudadano de a pie. Es una coreografía de sillas musicales donde el servicio público, a veces, parece más un refugio que una vocación. Apenas ayer, Luisa María Alcalde cerraba las puertas de la dirigencia del partido en el poder y hoy, sin soltar las llaves, estrena el despacho de la Consejería Jurídica de la Presidencia.
Pero no llega para ordenar papeles. Su estreno es una misión de contención: levantar un escudo de técnica jurídica frente a la embestida que viene de Washington. Ya no es solo contra el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya; ahora sabemos que el tablero es mucho más amplio, que hay nueve nombres más en la lista y que las piezas que caen tienen cada vez más peso.
La técnica contra el mapa del caos
El argumento oficial es, en el papel, impecable: "falta de urgencia". Invocan el Artículo 11 del tratado de extradición como si fuera una muralla infranqueable. Pero para quien observa desde la barrera, el tecnicismo suena a bofetada. Resulta paradójico que una acusación que vincula a un mandatario con las estructuras más profundas del crimen sea tratada con la parsimonia de un trámite de ventanilla.
Raymundo Riva Palacio nos revela hoy en El Financiero que el mapa de esta tormenta no se detiene en Culiacán. Washington tiene la lupa sobre Marina del Pilar en Baja California, Alfonso Durazo en Sonora y Américo Villarreal en Tamaulipas. Incluso, los nombres de Mario Delgado y de la propia Alcalde figuran en esos expedientes que la Casa Blanca ya considera "casos concluidos". Aquí, el Derecho no busca la verdad, sino que actúa como un freno de mano; es intentar explicarle a una tempestad las reglas de un manual de urbanidad mientras los rayos ya están cayendo.
El factor Washington: Sin tiempo para "chicanadas"
En Palacio parecen ignorar que el reloj de Washington no se detiene por cortesías diplomáticas. El mensaje de Ronald Johnson en Los Mochis fue una advertencia nítida que no supieron leer: el tiempo de la paciencia se agotó. Como señala Salvador García Soto en El Universa, la administración Trump no acepta lo que allá llaman "chicanadas" ni esperará a que la FGR despierte de su letargo. Para Trump, México es combustible electoral; su firmeza contra estos nexos le ha valido tres puntos de popularidad que no piensa soltar.
Mientras aquí se busca ganar tiempo, allá se construyen destinos. El tiempo es un lujo que se evapora cuando los protagonistas buscan las salidas de emergencia. La crónica se vuelve amarga al leer a Roberto Rock (El Sol de México): ya no es solo ruido, son "pasos en la azotea". Empresarios como Enrique Díaz de la Vega ya no esperan el debido proceso en suelo mexicano; prefieren el refugio —o la confesión— del testigo protegido en Nueva York. Los aviones privados vuelan al norte cargados de secretos.
El callejón sin salida
La última pieza del rompecabezas es el "análisis de riesgo" que le otorga protección federal a un Rocha Moya ya con licencia. La Presidenta Sheinbaum sostiene que es un trámite estándar, pero el mensaje es equívoco: ¿se le protege del crimen o se le resguarda para que no se convierta en otro pasajero de esos vuelos nocturnos hacia el norte?
Al final, la estrategia de proteger a los "hijos políticos" de la casa —o a las sombras que vienen de Palenque— tiene un costo histórico. Si la Presidenta cree que el rigor técnico de su Consejera bastará para calmar aguas tan profundas, podría estar cometiendo un error de cálculo irreversible.
La tormenta no cesa porque se le ignore. Cuando los testigos vuelan y las órdenes de arresto se firman con tinta de hierro, el escudo de la técnica se vuelve de cristal. México ha elegido la defensa política sobre la justicia internacional, y en ese juego, el tiempo que intentan ganar hoy, es exactamente el mismo que los condenará mañana. Porque la realidad siempre termina derribando las puertas de cualquier despacho jurídico.
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