La paradoja de la protección: Sinaloa en el relevo
¿De verdad no lo sabían?
Por Fred Alvarez Palafox
@fredalvarez
La pregunta queda suspendida en el aire, densa, casi como un murmullo incómodo que nadie quiere terminar de pronunciar. Mientras la política sigue su curso institucional —ese engranaje que nunca se detiene—, uno no puede evitar preguntarse dónde se esconde nuestra inteligencia colectiva, o al menos la oficial, cuando las piezas del tablero se mueven con semejante celeridad.
Desde el estrado matutino, la Presidenta Sheinbaum trazó la hoja de ruta: el Gabinete de Seguridad federal no perdió un segundo y aterrizó en Sinaloa. El motivo formal, envuelto en el celofán de la institucionalidad, era presentar el plan de pacificación a la nueva voz del estado, la gobernadora interina Yeraldine Bonilla.
"Ella era secretaria de Gobierno, conoce el terreno", deslizó la mandataria, enviando un mensaje de continuidad que busca, antes que nada, serenar los ánimos de un pueblo que ha aprendido a observar cada movimiento con una cautela casi instintiva.
El escudo de la duda en Culiacán
En el corazón de la Novena Zona Militar, en Culiacán, el aire se sentía distinto, cargado de esa solemnidad que solo los cuarteles imponen. Allí, Omar García Harfuch se convirtió en el rostro de una defensa que camina sobre la cuerda floja. A pesar de los ecos que llegan desde EU —donde las acusaciones vinculan a Rocha con el cobijo a "Los Chapitos"—, Omar sostuvo la mirada ante la prensa. El Gabinete de Seguridad, afirmó con una serenidad imperturbable, nunca tuvo una sospecha, ni un indicio, ni un solo tropiezo provocado por el hoy gobernador con licencia.
"Nunca hemos tenido una obstrucción", aseveró, como si las nubes de sospecha que cruzan la frontera se disiparan por arte de magia al tocar suelo mexicano.
¿Y la inteligencia de México?
Sin embargo, la realidad siempre guarda una ironía en el bolsillo, lista para ser usada. Ante la pregunta obligada de por qué Rocha, ahora un ciudadano con licencia y sin cargo aparente, cuenta con una escolta federal, la respuesta fue una mezcla de precaución y paradoja. No hubo solicitud de su parte, explicaron; fue una "recomendación" del propio Gabinete.
Dicen que no hay indicios de que pueda ser víctima de un atentado. Dicen que no existen amenazas detectadas en su contra. Pero aun así, ahí están los elementos: pocos, pero presentes, custodiando una sombra que oficialmente no corre peligro. ¿Acaso temen que se vaya a Nueva York? La duda, filosa, queda flotando entre las bayonetas.
Una paz bajo custodia
Flanqueado por el General Trevilla y el Almirante Morales, Harfuch dejó claro que la fuerza federal no solo permanece, sino que tiene la orden de multiplicarse si el termómetro de la violencia así lo exige. Por su parte, Yeraldine Bonilla asumió su nuevo rol con la gravedad de quien recibe una herencia delicada, agradeciendo la "distinción" de sentarse en esa mesa donde se decide la paz y la guerra.
Así se escribe el presente en Sinaloa: un relato que transcurre entre el relevo burocrático y la bota militar en las calles, mientras los discursos oficiales intentan convencernos de que, en este complejo laberinto de acusaciones, escoltas innecesarias y silencios estratégicos, todo marcha exactamente conforme al plan.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario