11 jul 2026

A propósito de las marchas por la Unidad Nacional…

 A propósito de las marchas por la Unidad Nacional…

Por Fred Alvarez Palafox..

Ocurrió una tarde de miércoles, aquel 21 de mayo de 1986. Hace ya casi cuatro décadas, la Ciudad de México fue el escenario de una convocatoria insólita: una marcha en férrea defensa de la soberanía nacional. Eran los tiempos de Ronald Reagan, y la sombra del intervencionismo de la ultraderecha estadounidense se cernía con fuerza sobre los asuntos de México y de toda América Latina. El embate iba dirigido, en especial, contra la hermana república de Nicaragua; un país en el que todavía no se entronizaba la dictadura que hoy encabezan Daniel Ortega y Rosario Murillo, fieles sucesores de las prácticas de Anastasio Somoza.

Ese día, más de 10 mil personas se congregaron para levantar la voz contra las presiones de Washington. El contingente avanzó con paso firme, desde la majestuosidad del Ángel de la Independencia hasta el corazón político del país: el Zócalo.

Allí caminaban, codo a codo, priistas e izquierdistas de auténtica militancia, junto a ciudadanos sin filiación partidista. Era un momento en el que las antiguas barreras parecieron desdibujarse; no había exclusiones ni discriminación alguna, solo una multitud unida por un reclamo común: la defensa de la soberanía nacional y de América Latina.

Si uno observa las imágenes de aquella época, la descubierta de la marcha parece un retrato vivo de nuestra historia política, abanderada por mujeres de la talla de Ángeles Mastretta y Ofelia Medina.

Al frente, compartiendo el asfalto, se alcanza a ver a Gonzalo Martínez Corbalá, Pedro Peñaloza, Eduardo Valle "El Búho", Arturo Whaley, Manuel Terrazas, Pablo Gómez  Arnoldo Martínez Verdugo, y a un brillante Porfirio Muñoz Ledo , quien murió hace tres años... Junto a ellos marchaban rostros como los de Antonio Tenorio Adame, Carlos Tello, León García Soler, Rolando Cordera, Enrique Rubio y Heriberto Galindo Quiñones.

La lente también capturó en esa marea humana a Jesús Salazar Toledano, Alejandro Carrillo Castro, Jorge Cruickshank, Santiago Oñate Laborde, José Natividad González Parás y José Carreño Carlón.

La pluralidad era innegable. Ahí iban Enrique Jackson Ramírez, Juan José Bremer, Antonio Franco, Benjamín Wong Castañeda, Gabino Fraga Mouret, José Antonio Álvarez Lima y Celso Humberto Delgado. Entre ellos, a ras de calle, caminaba el entonces gobernador de Michoacán, Cuauhtémoc Cárdenas, acompañado por figuras como Mariano Palacios, Domingo Alapizco, Beatriz Paredes y Pedro Joaquín Coldwell, entre muchos otros que hoy son parte de nuestra memoria nacional.

Aquella marcha, que se organizó con el beneplácito de la Cancillería mexicana —a cargo de Bernardo Sepúlveda Amor— y que tuvo la venia del presidente Miguel de la Madrid Hurtado (MMH), encontró un férreo opositor: el entonces secretario de Gobernación, Manuel Bartlett.

Bartlett alegaba que se corría el riesgo de que, durante la manifestación y al paso frente a la embajada de Estados Unidos, pudiera quemarse una efigie de Reagan, lo cual al poblano le parecía una infamia de lesa antidiplomacia. En un episodio de tensión pura, Bartlett citó en sus oficinas del Palacio de Cobián a Jesús Salazar Toledano, presidente del PRI en el DF, y a Heriberto Galindo, quien se desempeñaba como director general del CREA, ambos eran piezas clave del comité organizador..

Lo hizo para regañarlos de manera ofensiva y grosera, exigiéndoles la cancelación de dicha marcha. Los interlocutores se mantuvieron firmes y le respondieron que era imposible detenerla, dada la pluralidad del comité organizador.

Desesperado, Bartlett hizo llamadas por la red para consultar directamente si la marcha, en efecto, había sido autorizada por Los Pinos y si funcionarios y dirigentes partidistas tenían permiso de participar en ella. La respuesta fue contundente: ¡A favor! Aquel día, el poblano recibió una sonora cachetada política.

Y la manifestación se llevó a cabo de manera pacífica, sin ningún contratiempo ni actos vandálicos, como los que hoy se acostumbran..

A la distancia, cabe preguntarse: ¿Alguien ha pensado hoy en organizar una marcha de ese tipo en los tiempos que corren?

¿Cuáles son las condiciones que debe cumplir el grupo en el poder. para convocar a una manifestacion de aquel tipo.?.

La respuesta es muy sencilla: que la presidenta Claudia Sheinbaum y los principales dirigentes de la Cuatroté dejen de agredir y estigmatizar desde la mañanera de Palacio Nacional a quienes critican y cuestionan los designios gubernamentales. Solo así podrán, en verdad, convocar a un espíritu pluralista, sustentado en el respeto absoluto a la dignidad de tirios y troyanos.

¡Para la historia inmediata!

No hay comentarios.:

El artículo de fe

El artículo de fe/ Manuel García-Castellón f ue magistrado de la Audiencia Nacional. El Debate,  Sábado, 11/Jul/2026 Hay humillaciones que n...