El enredo discursivo: las palabras que se llevó la mañanera
Eran las 9:50 de la mañana de este martes 7 de julio en Palacio Nacional. La tradicional conferencia matutina agonizaba y, como suele ocurrir cuando el reloj aprieta, las certezas empezaron a tambalearse. Hoy, a la Presidenta se le enredaron las palabras, víctima de esa memoria inmediata que a veces traiciona hasta al atril más poderoso del país.
Todo comenzó con una pregunta lanzada casi al cierre:
—¿Cuándo va a venir la fiscal para…?
La respuesta presidencial fue, en un primer instante, categórica y delimitante:
"No, ella tiene que dar su conferencia en la Fiscalía, ella tiene que dar la información en la Fiscalía o a través de los medios que ella considere".
Pero en el periodismo, la memoria de corto plazo es implacable.
—Usted afirmó que iba a venir —le reviraron desde la sillería.
Ahí vino el titubeo, el paso en falso de quien intenta recoger el agua derramada. Su corrección fue un ejercicio de equilibrismo discursivo que terminó por ceder ante su propia contradicción:
"No, nunca dije que ‘iba a venir hoy la fiscal’. Bueno, y si lo dije, no lo… no era así; o sea, si se malentendió, no era así. Dije que ‘la Fiscalía iba a dar una conferencia también’, y es importante que ellos guarden su espacio…".
Sin embargo, el archivo no perdona. Apenas un día antes, en la mañanera del lunes 6 de julio, la invitación no solo existió, sino que fue detallada con la precisión de una agenda de Estado.
Textualmente, la mandataria había declarado lo opuesto:
"Le pedí a la Fiscalía que pudiera venir para poder informar de: qué fue lo que se le dijo entonces al fiscal Gertz Manero, qué consta en las carpetas de investigación de ese momento, para que se pueda informar, la Fiscalía, evidentemente con su autonomía, pero poder informar claramente qué fue lo que se le dijo entonces al fiscal Gertz Manero".
La justificación del lunes no era un tema menor. Se trataba de armar un rompecabezas diplomático y de seguridad sumamente complejo. En esa misma intervención, la Presidenta delineó los temas urgentes a tratar: la versión del embajador de Estados Unidos en México, los detalles de una detención clave y la paradoja de que el país vecino nombre "organizaciones terroristas" a grupos a los que, al mismo tiempo, parece brindarles protección.
"Entonces, es importante que esto se abra, se discuta —repitió el lunes— independientemente del trabajo que estamos haciendo todos los días para actuar contra los grupos delincuenciales, contra la delincuencia organizada. Porque eso es un asunto de todos los días, todos los días se trabaja en ello; si no, pues no tendríamos la disminución de homicidios que hemos logrado ni la detención de casi 50 mil presuntos delincuentes".
Al final, entre el "le pedí a la Fiscalía que pudiera venir" del lunes y el "nunca dije que iba a venir" del martes, queda flotando la fragilidad del discurso diario. Un desliz humano, sin duda, pero en el centro de las decisiones nacionales, un simple "me hice bolas" es suficiente para cambiar el rumbo de la narrativa del día
No hay comentarios.:
Publicar un comentario