8 jul 2026

¡Los chamaquearon! Hicieron el ridículo...

 ¡Los chamaquearon! Hicieron el ridículo...

Por Fred Alvarez Palafox

@fredalvarez..

Desde Palacio Nacional, el Gobierno de la República ha lanzado un dardo envenenado hacia Washington D.C. Es una ofensiva retórica que comenzó a gestarse el pasado viernes 3 de julio en tierras michoacanas y culminó este martes 7 en la conferencia matutina.

Ante las crecientes contradicciones en torno a la captura de Ismael Zambada aquel 25 de julio de 2024, la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum cuestiona abiertamente: ¿quién ha pactado realmente con las organizaciones criminales? La secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, sostuvo una postura tajante, advirtiendo que, de confirmarse la participación del FBI a espaldas de México, estaríamos ante una violación a los tratados internacionales y a la soberanía nacional.

Pero seamos francos: la justicia norteamericana pacta con criminales para convertirlos en testigos cooperantes o protegidos —una práctica que, por cierto, también permite la legislación mexicana—. Ante el reclamo oficial, la pregunta evidente es: ¿qué sigue ahora? ¿Nos asomamos al borde de un rompimiento diplomático o simplemente asistimos a una estudiada escenografía para el consumo interno?

La realidad es que no es para tanto. Es sano y legítimo que el gobierno mexicano defienda su soberanía ante cualquier intromisión, pero pensar que este episodio descarrilará la maquinaria de la relación bilateral es ignorar cómo operan realmente las cosas entre Palacio Nacional y Washington.

Mientras tanto, el canciller Roberto Velasco anunció que la Fiscalía General de la República (FGR)  pedirá formalmente información al Buró Federal de Investigaciones y después actuaran en consecuencia…

La memoria selectiva y una bitácora a conveniencia

Para entender el presente, es indispensable asomarnos a la memoria selectiva del poder. Durante su intervención, Rosa Icela presentó lo que anunciaron como una línea del tiempo, pero resultó ser una bitácora hecha a conveniencia, llena de saltos y omisiones.

El relato oficial arrancó recordando la detención de Ovidio Guzmán en enero de 2023n en la poblacion de Jesús Maria, Culiacán,  saltó a su extradición en septiembre, y aterrizó en aquel fatídico 25 de julio de 2024, día de la extracción —o secuestro— de "El Mayo" Zambada. Según la narrativa actual, fue justo ese día cuando Estados Unidos informó a México sobre un cambio de medida cautelar para Ovidio, violando el Tratado de Extradición, coincidiendo mágicamente con el aterrizaje de Zambada y Joaquín Guzmán López en Nuevo México.

Sin embargo, los hechos documentados la desmienten: desde el martes 23 de julio —no el 25—, Guzmán López ya había salido del Centro Correccional Metropolitano de Chicago, según la Agencia Federal de Prisiones (BOP), aunque nunca fue puesto en libertad absoluta.

Pero el mayor salto al vacío es que la secretaria borró de un plumazo lo que ella misma informó en aquellas conferencias de julio de 2024.

El kafkiano naufragio de julio de 2024

Vale la pena volver a ver esas mañaneras para revivir el guion del estupor gubernamental. La escena se desarrolló bajo la tensa luz matutina del 26 de julio, un día después de los hechos.. El entonces presidente López Obrador tomó el micrófono intentando diluir la gravedad del momento, y cedió la palabra a Rosa Icela Rodríguez, quien terminó tejiendo, más que un informe de inteligencia, la crónica de una vulnerabilidad insospechada.

Aquel día, vimos a una Secretaría de Seguridad reaccionando al eco. Confesaron que se enteraron del suceso a las 15:30 horas por una llamada teléfonica de la Embajada estadounidense. Observamos a un gobierno implorando fotografías a las agencias extranjeras, casi como requisito para tener el valor de darle la noticia al presidente. Fue la trágica ironía de la burocracia del "ver para creer"; un trámite ciego mientras el FBI ya tenía a los objetivos más buscados del continente bajo estricta custodia.

Luego vino la reconstrucción del vuelo, un pasaje esperpéntico que chocaba de frente con la realidad. Se aferraron a los papeles: un piloto solitario llamado Larry Curtis Parker y una avioneta Cessna 205 despegando de Hermosillo. El sistema migratorio registraba a un solo tripulante, pero aterrizaron tres en Nuevo México. La secretaria leía el reporte al pie de la letra, dejando flotar en el aire la ridícula discrepancia. Quedó documentado el momento exacto en que un país entero se enteraba por teléfono que los líderes históricos del Cártel de Sinaloa habían cambiado de código postal. Un gobierno rebasado.

(la evidencia está aquí en la mañanera:

https://www.youtube.com/watch?v=oVhKjvRYS0c

Tres días después, el 29 de julio, prometieron "nueva información". 

La entonces secretaria de Seguridad, Rosa Icela Rodríguez, fungió como vocera de Washington al enumerar siete puntos aportados por el Departamento de Justicia estadounidense. El relato es fascinante por sus lagunas: a las 10:30 horas de aquel jueves 25, las fuerzas del orden de Estados Unidos fueron informadas de que Guzmán consideraba rendirse en un vuelo privado. Cuatro horas después, a las 14:35, se les notificó que un avión volaba hacia su territorio.  Un silencio abrumador. Ni una sola palabra sobre el origen del vuelo.

La aeronave aterrizó a las 16:24 horas en Santa Teresa, Nuevo México. Sin embargo, en aquel momento no se atrevieron a descartar la inverosímil historia de la famosa avioneta Cessna 205 que, según la primera versión, había despegado a las 8:00 de la mañana desde Hermosillo. La respuesta oficial, acorralada por la falta de datos, fue completamente esquiva, escudándose en la investigación de la FGR.

 El momento que desnudó esta fragilidad llegó con el cuestionamiento directo de la reportera Shaila Rosagel: —¿Entonces aún no se descarta que sea este vuelo de Hermosillo? —le preguntó a Rosa Icela. —Vamos a esperar qué dice la Fiscalía General de la República, vamos a esperar —respondió la funcionaria.

Patético. Esa ha sido siempre la salida más fácil: culpar de todo a la FGR, una dependencia que nunca ha informado lo que realmente sabe, como ocurre con la muerte de Héctor Melesio Cuén.

La inteligencia inexistente

Durante aquellos días, el único pilar que el Ejecutivo defendió incansablemente fue que el Gobierno de México no había participado en el operativo. A la par, Estados Unidos repetía —una afirmación que hoy sabemos fue mentira— que ninguna de sus 18 agencias planeó el vuelo.

Ante esta suma de narrativas contradictorias, la pregunta cae por su propio peso: ¿Cómo ocurrió entonces? ¿Por arte de magia? Queda una conclusión tan innegable como dolorosa para la soberanía: la inteligencia mexicana, al menos en lo que respecta a combatir a las cúpulas del gran crimen organizado, simplemente no existe. ¡Los chamaquearon! Y hoy, al intentar reescribir la historia desde la indignación, solo vuelven a hacer el ridículo.

El detonante: Cuando el trofeo desmiente a la diplomacia

El detonante de esta nueva crisis diplomática es un reportaje del periodista Luis Chaparro en Pie de Página. Resulta que la avioneta utilizada para el traslado está expuesta en una feria militar en Estados Unidos, y el propio FBI se atribuye el operativo como un trofeo: operación Air King

Esto choca de frente con las líneas diplomáticas. Recordemos la secuencia; 31 de julio de 2024: México solicita formalmente información a la embajada  sobre la participación de sus agencias; 9 de agosto de 2024: El embajador Ken Salazar informa públicamente que ninguna agencia estadounidense participó en el operativo, y lo sigue reiterando.

¡Ken Salazar mintió?

"Alguien mintió", acusó Rosa Icela desde Palacio Nacional, lanzándose directamente contra Salazar. Y aquí hay que decirlo con todas sus letras: este asunto sí es de la mayor relevancia. Que una agencia extranjera opere a espaldas del Estado vulnera el núcleo mismo de nuestra soberanía.

Ken Salazar es hoy, como bien apunta Raymundo Riva Palacio, un "fusible quemado". Más que mentir, fue un hombre aislado; su propio gobierno —el FBI y Seguridad Nacional— lo mantuvo a oscuras, temiendo que su afinidad con AMLO arruinara sus operaciones. Ahora, intenta recortar pérdidas a través de sus memorias, Borderlands, mientras en Palacio Nacional se le dedica el púlpito entero para erigirlo como el villano favorito y tildarlo de mentiroso. Ken Salazar dijo lo que le dijeran que dijera. Punto. 

https://www.youtube.com/watch?v=R05FpDq3FiA

-Si se confirma que hubo este operativo, por parte del FBI aquí en territorio nacional, ¿cuáles tendrían que ser las consecuencias legales, de acuerdo a esta Ley de Seguridad Nacional?-, le pregunta  Jatziri Magallanes, de MVS Noticias a la presidenta…

-Por eso le estamos preguntando a la Fiscalía, primero, para ver si la Fiscalía tiene atribuciones en este sentido. Y también está haciendo toda la investigación la Secretaría de Relaciones Exteriores.

-Porque de acuerdo al Artículo 74, se tendría que romper la relación de cooperación bilateral. ¿Eso procedería?-, le inquiere la reportera

¡No!, no necesariamente, no necesariamente, no estamos hablando de eso. Por lo que nosotros consideramos, más allá de las sanciones o no, o de las medidas judiciales que se puedan tomar, es que esto quede claro, y abrirlo al pueblo de México, por lo que significa la relación bilateral.

Tiene que haber confianza entre ambas naciones y tiene que haber reciprocidad, esto es muy importante, dijo la presidenta.

Mañanera del miércoles 8 de julio: Las dos caras del discurso

El ambiente se tensó este miércoles cuando la pantalla proyectó un fragmento de la entrevista con Jorge Ramos. Ahí apareció Salazar, visiblemente acorralado frente a los cuestionamientos sobre supuestos pactos gubernamentales con el narcotráfico. En su ya conocido y accidentado español, terminó confesando no tener evidencia alguna contra López Obrador. Sin embargo, no dejó de señalar la profunda herida que ha dejado la corrupción institucional, trayendo de vuelta al recinto el fantasma de García Luna.

La paradoja no pasó desapercibida. Apenas en la mañanera de ayer, Salazar era calificado tajantemente de “mentiroso”. Hoy, bajo la lupa de la conveniencia política, su versión muta y se vuelve una verdad válida, el pilar necesario para sostener que "no había ningún vínculo" entre el gobierno obradorista y el Cártel de Sinaloa.

En este juego de narrativas, Sheinbaum añadió su propia pieza al rompecabezas al afirmar: “está para asumir de quién se trata”. Con ello insinuó conocer la identidad del empresario mencionado -el susurrador-, por el exembajador, a pesar de que este último jamás pronunció un nombre. Al final, el guion oficial se ajusta a la medida de la coyuntura: una parte de las palabras de Salazar deja de ser mentira porque los absuelve, mientras que la otra se convierte en la herramienta perfecta para desviar la mirada pública hacia un empresario sin rostro.

Pero la verdadera tormenta diplomática es el vuelo sin retorno de Zambada. El exembajador aseguró -insiste-, que su país fue un mero espectador de una traición interna, añorando operativos bilaterales como el de Caro Quintero en 2022. La presidenta Sheinbaum desnudó inmediatamente la contradicción: si Washington no operó a espaldas de México, ¿por qué el FBI exhibe hoy el avión del traslado como un trofeo de guerra en el War Eagles Air Museum?

Y cuestionado por Ramos sobre la posible extradición de funcionarios sinaloenses ligados a "Los Chapitos" —como Rubén Rocha Moya—, Salazar optó por el mutismo. Es un silencio cauteloso en medio de narrativas cruzadas donde, al final del día, la verdad sigue siendo la primera rehén.

Pero si afirman que Ken Salazar mintió entonces, la pregunta inevitable flota en el ambiente: ¿también mintió en esta entrevista?

Salazar nunca encajó en el molde tradicional del diplomático de carrera. Su estilo lo llevó a cruzar las puertas de Palacio Nacional con una familiaridad inusitada, metiéndose, como suele decirse, hasta la cocina. La cercanía llegó a tal grado que, como bien apunta el periodista Raymundo Riva Palacio, terminó contando con un espacio propio dentro del recinto:  "le habían dado una pequeña oficina para que en sus múltiples visitas tuviera un lugar donde hacer llamadas a través de un equipo encriptado".

Los vacíos que gritan en Palacio Nacional

En lugar de enfocar todo el peso en el reclamo presente, la presidenta Sheinbaum subió la apuesta apuntando al pasado, asegurando que si hubo pactos con el Cártel de Sinaloa, ocurrieron en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, usando a Genaro García Luna como prueba irrefutable. Curiosamente, en esa narrativa no se menciona para nada el caso del gobernador Rubén Rocha Moya. ¿Por qué el silencio? Ah, es que para eso —dicen— sí se necesitan pruebas, y lo más grave es que en lugar de abrir el ostión han cerrado el expediente y lo reservaron por 5 años.. Error.

Este nuevo episodio en la relación bilatera. nos deja más dudas que certezas en un déjà vu burocrático de peticiones que probablemente serán ignoradas.

Y, flotando sobre toda esta red de intrigas internacionales, permanece la sombra más oscura: ¿Qué pasa y qué va a pasar con el caso del asesinato de Héctor Melesio Cuén?.

El asedio de la prensa alcanzó el martes a la ex fiscal de Sinaloa, Sara Bruna Quiñones. —¿Y qué ha pasado con ella?, le preguntaron a la presidenta.

Fiel al guion del deslinde institucional, la respuesta fue escueta: "También lo tiene que informar la Fiscalía".

Los reporteros insistieron, punzando sobre el montaje de una pieza clave en el secuestro del narcotraficante: —¿Nunca le han comentado nada?.

"No", atajó la mandataria. "Tiene que informarlo la Fiscalía, los avances de la investigación que hizo el fiscal Gertz Manero y la investigación posterior que hace ya la nueva fiscal".

El escudo recurrente es la autonomía. Cuando se le presionó sobre si la información fluiría ese mismo día, Claudia Sheinbaum remató argumentando que, si bien hay coordinación permanente con la Defensa Nacional y Seguridad, la FGR "actúa de manera autónoma".

Es la salida perfecta: cuando la realidad institucional quema, la autonomía sirve como un inmejorable extintor narrativo.

Lo he dicho y hoy lo reitero: aquel jueves 25 de julio de 2024 le marcó un nuevo compás al tiempo en nuestra relación bilateral.

PD: ¿Y la fiscal Ernestina Godoy?... El laberinto discursivo

Eran las 9:50 de la mañana del martes en Palacio Nacional. La tradicional conferencia agonizaba y, como suele ocurrir cuando el reloj aprieta, las certezas empezaron a tambalearse y a la presidenta se le enredaron las palabras, víctima de esa memoria inmediata que a veces traiciona hasta al atril más poderoso del país.

Todo comenzó con una pregunta lanzada casi al cierre sobre la ausencia en la sala de la fiscal Ernestina Godoy en un tema de este calibre penal: —¿Cuándo va a venir la fiscal para…?

La respuesta presidencial fue, en un primer instante, categórica y delimitante:

"No, ella tiene que dar su conferencia en la Fiscalía, ella tiene que dar la información en la Fiscalía o a través de los medios que ella considere".

Pero en el periodismo, la memoria de corto plazo es implacable. —Usted afirmó que iba a venir —le reviraron desde la sillería.

Ahí vino el titubeo, el paso en falso de quien intenta recoger el agua derramada. Su corrección fue un ejercicio de equilibrismo discursivo que terminó por ceder ante su propia contradicción:

"No, nunca dije que ‘iba a venir hoy la fiscal’. Bueno, y si lo dije, no lo… no era así; o sea, si se malentendió, no era así. Dije que ‘la Fiscalía iba a dar una conferencia también’, y es importante que ellos guarden su espacio…".

Sin embargo, el archivo no perdona. Apenas un día antes, en la mañanera del lunes 6 de julio, la invitación no solo existió, sino que fue detallada con la precisión de una agenda de Estado. Textualmente, la mandataria había declarado lo opuesto:

"Le pedí a la Fiscalía que pudiera venir para poder informar de: qué fue lo que se le dijo entonces al fiscal Gertz Manero, qué consta en las carpetas de investigación de ese momento (...) para poder informar claramente qué fue lo que se le dijo entonces al fiscal Gertz Manero".

Al final, entre el "le pedí a la Fiscalía que pudiera venir" del lunes y el "nunca dije que iba a venir" del martes, queda flotando la fragilidad del discurso diario. Un desliz humano, sin duda, pero en el centro de las decisiones nacionales, un simple "me hice bolas" es suficiente para cambiar el rumbo de la narrativa del día.

¡Para la historia inmediata!

 P.D2. En un episodio que parece respirar la tensión de una novela de espionaje, la titular de la FGR, Ernestina Godoy, ha destapado una profunda crisis de confianza al acusar al FBI de orquestar, en la clandestinidad y sobre suelo mexicano, el secuestro de Ismael  Zambada. A través de un relato marcado por la frustración institucional, la fiscal describió una serie de agravios que van desde el bloqueo a peritos mexicanos en Texas y Nuevo México, hasta el ocultamiento del misterioso piloto y las presuntas mentiras diplomáticas del entonces embajador Ken Salazar.

Sobre los señalamientos de EU contra el gobernador Rocha Moya y otros funcionarios, Godoy trazó una línea de estricta prudencia jurídica. Confirmó que la investigación está viva —se han recabado informes y diez personas ya fueron citadas a comparecer—, pero fue categórica al advertir que, hasta el momento, no existen pruebas que alcancen el estándar probatorio mínimo que exige la legislación mexicana. El asunto apenas inicia...


 


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