10 nov 2008

Columna Expedientes abiertos

Columna Expedientes abiertos/Roberto Rock
El Universal, 10/11/2008;

APUNTES
EN MÁS de un sector quedó mal sabor de boca por el escaso reconocimiento a la memoria de José Luis Santiago Vasconcelos, el ex fiscal antidrogas mexicano cuya trayectoria fue más reconocida en el extranjero que aquí. Nunca se aclararon las versiones de un conflicto con el procurador Eduardo Medina Mora, que lo llevó a salir de esa dependencia, en condiciones inseguras aun para su vida.
Fue abierto el arropamiento que le extendió el Ejército, al grado de recibir sus restos para ser velados en compañía de su familia.
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Nuevo proyecto/Macario Schettino
El Universal, 10 de noviembre de 2008
La caída del avión de la Secretaría de Gobernación el martes pasado es una tragedia. Personal, para los deudos de quienes fallecieron en el evento, tanto quienes sólo pasaban por el lugar como quienes venían en la nave, y aunque menor, para quienes resultaron heridos o dañados en su patrimonio.
Pero es también una tragedia para el gobierno del presidente Calderón. Lo es no sólo porque fallecen el secretario de Gobernación y el responsable de la implementación de la reforma de seguridad, sino porque ambos hombres representaban más que sus puestos. Santiago Vasconcelos había dedicado buena parte de su vida a la lucha contra el crimen organizado, como es normal, con éxitos y errores. Pero era un personaje central en esta guerra que el país debe ganar.
Debe ser claro que la pérdida mayor, para el gobierno, es la muerte de Juan Camilo Mouriño. Más que el puesto que ocupaba, como decía, representaba diversos papeles en los que no puede ser sustituido fácilmente: líder del equipo cercano, amigo personal, proyecto. No hay, a la vista, quien pueda cubrir estos roles simultáneamente.
Lo que esto significa es que el gobierno del presidente Calderón tendrá que cambiar profundamente para funcionar los próximos cuatro años. Lo hecho hasta ahora, bueno o malo, ha terminado y no puede prolongarse. Lo que se tendrá que hacer será un gobierno muy diferente, con nuevo equipo y con nuevo proyecto. Con la vista puesta en grandes retos que muy rara vez llegan juntos: nuevo presidente en Estados Unidos, recesión, posible cambio de rumbo internacional, elección intermedia, transición inacabada.
En este proceso, el nombramiento en Gobernación es importante, pero no tanto como sostiene el imaginario popular. La secretaría es la sombra de lo que fue en los tiempos del antiguo régimen. De hecho, es buena muestra de lo incompleto del proceso de cambio en México. Gobernación ya no gobierna, ni vigila, apenas actúa como correa de transmisión con el Congreso, y eso dependiendo del titular.
Reitero en lo que he insistido tantas veces: no hemos logrado construir un sistema de reglas que nos permitan funcionar adecuadamente, y por lo tanto dependemos mucho de las personas. No está de más recordar que no tenemos reglas para la sustitución del presidente de la República, y la tragedia nos recuerda que nadie es eterno.
Con todas las dificultades que se ven hacia delante, es necesario que México avance hacia la institucionalización de un régimen democrático, liberal y seriamente capitalista. Seguir jugando a la restauración de la Revolución, a la demagogia, al populismo, nos llevará por este camino de inercia y deterioro en que estamos. Éste es el proyecto, me parece, cómo y con quiénes, está por definirse.
www.macario.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM

No es la militancia, es el diseño

Columna Razones/Jorge Fernández Menéndez
Publicado en Excélcior (wwww.exonline.com.mx),10/11/2008;
Gobernación: no es la militancia, es el diseño
Si bien, como se ha dicho, tardaremos unos 11 meses en saber con mucha mayor exactitud qué sucedió la tarde del martes 4 de noviembre, cuando cayó el avión que transportaba a Juan Camilo Mouriño, a José Luis Santiago Vasconcelos, Miguel Monterrubio y otros colaboradores del gobierno federal, en estas horas la administración de Calderón debe comenzar a contar con los primeros elementos, descubiertos en las cajas negras enviadas ya a EU. Y con la información que ya posee puede tener, por lo menos, una visión un poco más clara de lo sucedido. Sobre todo si se trató o no de un accidente. Información suficiente como para poder tomar decisiones.
Ello influirá, no cabe duda, en las designaciones que se deberán adoptar en las próximas horas, pero quizás la definición mayor no pasa por el nombre del futuro secretario de Gobernación sino que lo trasciende. Lo que ya estaba antes del martes en el escritorio presidencial era la decisión de transformar o no a la Secretaría de Gobernación en una suerte de ministerio del Interior (lo que era, incluso, una percepción del propio presidente Calderón que no quiso instrumentar al inicio de esta administración para no forzar cambios en la estructura de gobierno cuando la situación de gobernabilidad era endeble), una decisión que implicaría, básicamente, regresar a la Secretaría de Gobernación muchas de las atribuciones que ha ido perdiendo a lo largo de los años, sobre todo cuando en el sexenio de Vicente Fox se decidió quitarle todas las atribuciones relacionadas con la seguridad pública; o insistir, incluso profundizar, en el esquema actual que transforma a la Secretaría de Gobernación en una instancia política para acuerdos legislativos y otros asuntos de gobierno, cuya dimensión dependen, directamente, de los espacios que decida otorgarle el presidente de la república. El perfil que se requiere para encabezar una Secretaría de Gobernación que incluya labores políticas y de seguridad y el de una dependencia enfocada a sacar adelante acuerdos puntuales es muy diferente.
En este espacio, desde que se dio el desprendimiento de la seguridad pública de la Secretaría de Gobernación dijimos, y debemos insistir en ello ahora, que era un error: toda institución de gobierno democrática tiene ambas instancias en las mismas manos, quizás la única excepción sean Estados Unidos, pero su esquema institucional es diametralmente diferente al nuestro y al del resto de las democracias occidentales. En otras palabras, la seguridad no debe ser entendida sólo como una suma de técnicas policiales, sino como un tema clave de la agenda política y si bien quienes se encargan de los grandes temas de la seguridad deben ser especialistas consumados en esa disciplina, la dirección que se otorga a esas actividades debe estar definida por la política. Los éxitos que ha tenido esta administración en temas de seguridad se deben a los aciertos de sus especialistas, pero los problemas e insuficiencias se derivan de una desconexión en ocasiones demasiado manifiesta de la propia marcha política. Esa decisión es crítica para el futuro de la administración.

El punto es si el presidente Calderón aceptaría adoptar un esquema de estas características que implica una forma de control diferente al que se ha tenido hasta ahora sobre el equipo de gobierno. La administración de Calderón se ha caracterizado por privilegiar el papel del llamado “grupo compacto”, aquel que acompañó al Presidente en los áridos días de la precampaña, pero más allá de ello se ha caracterizado por un esquema de control y seguimiento de la marcha de las cosas realizada por el presidente Calderón en forma personal, permanente y constante. Desde este punto de vista se podría considerar que el presidente Calderón no optaría por regresar a una Secretaría de Gobernación fuerte porque no la necesitaría, porque consideraría que esa fusión entre la política y la seguridad se da en sus propias oficinas y sólo debe eficientarse.
Ese fue el esquema adoptado originalmente. Con Francisco Ramírez Acuña las cosas no funcionaron porque en realidad la política se gestionaba más en Los Pinos que en Bucareli, mientras que la seguridad estaba en manos de Genaro García Luna, Eduardo Medina-Mora, el Cisen (que dependía de Gobernación pero que, en realidad, trabajaba, lo hace aún, directamente para la Presidencia) y las áreas militares, dependiendo todas, en los hechos, del control presidencial. Cuando Juan Camilo Mouriño fue enviado a Gobernación se interpretó que se extendía de facto ese control de Los Pinos hacia un espacio gubernamental sustantivo. Las cosas no se dieron así, porque, precisamente, son las instituciones las que terminan marcado límites cuando éstos no están bien definidos y porque las circunstancias políticas que hacían tan fuerte a Juan Camilo en la oficina de Los Pinos lo debilitaron en el escenario público de Bucareli.
Precisamente la búsqueda de la solución a esa disyuntiva era la que ya estaba en el escritorio presidencial antes de los hechos del 4 de noviembre. El presidente Calderón consideraba la posibilidad de regresarle a Gobernación atribuciones y espacios de gobernabilidad; en otras reconocía que la situación que se vivía en torno a Juan Camilo no era la ideal pero insistía en la idea de que “a él le funcionaba”; en muchas otras ocasiones, los perfiles personales que se requerían para esa posición, fuera con mayores o menores atribuciones, no terminaban de ser, en su visión, del todo idóneos. Todo ahora se ha vuelto urgente y las decisiones tienen menor margen de maniobra.
Mucho se ha dicho que si en Gobernación debe estar o no un panista: es una disyuntiva falsa. En Gobernación debe estar quien le garantice al presidente Calderón el mayor margen de gobernabilidad posible a partir del diseño que el propio ejecutivo escoja. Y desde esa óptica, la filiación partidaria no es tan importante.
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Adiós Mouriño

Columna Bucarelí/Jacobo Zabludovsky
El Universal, 10 de noviembre de 2008
Adiós Mouriño
Lo último que vieron tres segundos antes de morir fue quizás el tejado rojo del restaurante japonés Suntory. Ahí, en el mes de julio, hablé por segunda vez con Juan Camilo Mouriño.
Fue uno de esos domingos familiares. Cuando terminamos de comer, rumbo a la salida, Juan Camilo se levantó y me pareció que había prolongado su sobremesa para propiciar el encuentro. Saludamos a su esposa María de los Ángeles, a sus hijos Mari, Iván y Juan Camilo y a otra persona. Plática previsible: edades, escuelas, aficiones. Abrazo cordial. Nos hablaremos de tú. La despedida típica: te llamo para comer. Hubo varios intentos pero se atravesaron viajes, compromisos, problemas de agenda.
La primera había sido en la comunión de los hijos de Perla y Juan Francisco Ealy Ortiz. Se abrió paso entre los numerosos invitados para llegar a nosotros. Mientras lo veía acercarse pensé en la rara forma de conocernos: que vendría a reclamar, a quejarse de mis Bucarelis recientes. Por lo menos en dos había puesto en duda su eficacia en la Secretaría de Gobernación, con fundamento en acusaciones públicas contra él. El título de la columna el 3 de marzo “Mouriño herido”, explica su contenido. Y la del 31 de marzo “Calderón Mouriño S. A.” empezaba con la frase “La acusación me parece grave”. En el rincón de mi cerebro donde se aloja el instinto de conservación se encendió la alerta. Me puse en guardia, los artículos podían ser causa o presagio de una actitud agresiva del recientemente nombrado secretario, a quien jamás había visto en persona, huelga decir que tampoco cruzado palabra alguna.
Mis inquietudes eran infundadas. Mouriño llegó con la mano extendida, celebrando la oportunidad de conocernos, recordando trabajos de mi carrera periodística, ligándolos a sus recuerdos infantiles, juveniles, familiares. Le pregunté si había leído mis columnas. Me dijo que no se las perdía. ¿No le han molestado? “Tengo el más absoluto respeto a la libertad de expresión, usted es libre de opinar como guste, así deben ser las democracias”, dijo. La conversación derivó a otros temas, intervinieron más invitados, cada quien regresó a su grupo.
La tercera fue en la comida pendiente. Septiembre 12. Juan Camilo escogió un restaurante de Polanco, Bico, con dos comensales más: Miguel Monterrubio, director general de Comunicación Social de la Secretaría de Gobernación, quien falleció también en el accidente del Learjet, y Francisco Aguirre, presidente de Radio Centro.
No quiero detallar, no tomé notas ni vienen al caso los incidentes de una conversación en que privó más una intención de establecer vínculos que la de dirimir querellas. Cierta molestia surgió, única aspereza recordable, cuando se tocó el tema, vivo en esos días, de la interrupción del sexenio presidencial. Calificó la propuesta, mencionando a Porfirio Muñoz Ledo, como perjudicial, contra México, casi catastrófica. Me sorprendió la discreción y la cultura de Monterrubio, oportuno en sus intervenciones con citas históricas, menciones de libros, anécdotas. Pensé llamarle para tomar un café, saber más de él. No lo hice. El tiempo se fue hablando de periodismo, la historia de l
a televisión en México. Como aplazando temas para otras reuniones que nos prometimos periódicas y frecuentes.
Cuando vimos el reloj habían pasado cuatro horas, sobraba la mitad en la única botella de Rioja y funcionaban todavía las pilas del celular incesante de Mouriño. No coincidimos en la mayoría de las opiniones, especialmente en las políticas que cada quien defendió sin esperanza de convencer y sin interrupciones. Un joven menor que la mitad de mi edad expresaba su verdad que no era la mía, pero al mismo tiempo, desde su cargo público, el más importante después del Presidente, mostraba la paciencia necesaria para entender la razón de mis críticas. El intercambio de ideas no debe llevar necesariamente a un mundo de posturas iguales o similares. Tengo el recuerdo grato de una tarde valiosa. De los cuatro, dos están muertos. A Monterrubio esa sola vez lo vi. Luego supe de sus méritos en la Secretaría de Relaciones Exteriores, de sus estudios de periodismo en la Academia Nazionale Della Comunicazione, en Roma, Italia. Lástima. Lamento su muerte y la de todas las víctimas de esta tragedia.
Unas palabras sobre Juan Camilo Mouriño. A su esposa, sus hijos, a sus padres y hermanos, al presidente Felipe Calderón, a sus amigos, mi solidaridad en su tristeza. Echaré de menos esa esgrima mental. Su habilidad para exponer su criterio y defenderlo a capa y espada. Creo que nunca llegaríamos a coinci
dir. Pero no se trataba de convencer sino de poder diferir en torno a la misma mesa.
Eso, en el fondo, es todo.

Ausencias de Fox, Espino y Creel

El homenaje con una carta y tres ausencias
Nota de Jorge Octavio Ochoa

El Universal Lunes 10 de noviembre de 2008;
El ánimo fúnebre campea en el recinto. Germán Martínez —líder del PAN—, con la voz quebrada, leyó una carta póstuma que intentó inyectar ánimo, pero sólo ahondó la incertidumbre.
“Por tu memoria (…) no vamos a permitir que el narcotráfico y la droga lleguen a nuestros niños. Por tu memoria limpia y valiente, el PAN no va a pactar con delincuentes”.
Es el homenaje póstumo del PAN a Juan
Camilo Mouriño, a seis días del avionazo.
Rompe el mediodía del domingo. Flores blancas empavesan el retrato de Mouriño. Se ve un rostro sonriente, de ojos claros, todavía joven, que sobresale en el escenario. En el otro costado, también rodeado de flores, la imagen de Arcadio Echeverría Lanz, su colaborador.
Ambos cuadros flanquean el presídium, en el que aguardan el padre y la esposa de Juan Camilo Mouriño, Iván, como le decían.
Más de un centenar de agentes del Estado Mayor Presidencial custodian el edificio y los alrededores. Es la sede nacional del PAN. Ahí está todo el gabinete, toda la dirigencia nacional panista; diputados, senadores, gobernadores, consejeros nacionales.
Pero se nota más la ausencia de Vicente Fox, Manuel Espino y Santiago Creel. Nadie sabe por qué no vinieron o si no los invitaron. “¡Ni falta que hacen!”, dice uno del primer círculo de Germán Martínez, que pide reservar el anonimato. Es el postrer homenaje, la despedida. A las 12:00 suenan, de pronto, las notas del himno. La concurrencia panista se levanta como resorte, esperan al Presidente de la República. Falsa alarma, sólo prueban sonido.
Manuel Mouriño Atanes, padre de Juan Camilo, menea la cabeza, como reproche. Parece que últimamente toda la logística anda mal. A las 12:05 en punto, el Presidente entra al recinto. Un silencio pesado inunda la sala. Las luces de las cámaras platinan el ambiente, proyectan sombras fugaces de don Manuel Mouriño Atanes y Felipe Calderón fundidos en un abrazo. Calderón y María de los Ángeles Escalante, esposa de Juan Camilo, en otro largo abrazo.
Un aplauso de dos minutos trata de disipar el ánimo pesado que existe, a casi una semana del desastre. Cecilia Romero recuerda, con escalofrío, los últimos minutos en que vio vivos a los pasajeros de esa aeronave. Platica: “En realidad yo no estuve a unos segundos de subir al avión. Yo me despedí del secretario Mouriño al término del evento al que nos acompañó en San Luis Potosí (…) No me subí al avión porque no estaba programado que me subiera”, dice lacónica.
En su discurso, Calderón intenta cambiar el tono pesimista, infundir fuerza, inspirar confianza a los panistas, pero termina por regañarlos. Les pide dejar atrás la mohína, las mezquindades, la ambición y la envidia que los atrapan en “pleitos” y “ruindades”.
Les pide terminar con actitudes “que nos alejan de los ciudadanos y además nos hacen perder elecciones”. Recordó al Iván de aquellos tiempos, “cuando Campeche era, en términos políticos, todavía una tierra inhóspita, terriblemente autoritaria”.
Recordó el secuestro del que fue objeto Juan Camilo y reveló las confidencias de éste, cuando le había dicho que “una de las cosas que más coraje le daba cuando estaba en cautiverio, es que se iba a ir y no iba a dejar nada suyo”. Por tanto, les pide convertir su legado en forma de conducta. Ni él ni Germán Martínez tienen empacho en llamarlo “el arquitecto del triunfo panista en el 2006”.
En primera fila, el publicista español Antonio Solá, el de la llamada guerra sucia en la campaña presidencial del 2006, creador del eslogan “Un peligro para México” aparece ahí, entre los panistas, sin ser panista.
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Consideran que fue un accidente
Ulises Beltrán
Publicao en Excelsior, (www.exonline.com.mx), 10/11/2008;
La población califica como oportuna la información del gobierno federal sobreel avionazo, según encuesta BGC, Ulises Beltrán y Asociados
De acuerdo con la encuesta telefónica nacional BGC-Excélsior, levantada el 6 de noviembre, la ciudadanía califica como oportuna y cuidadosa la información que hasta ahora han proporcionado las autoridades sobre las investigaciones en torno del accidente aéreo en el que fallecieron Mouriño Terrazo y otras 13 personas.
Así, los mexicanos con teléfono en su vivienda recibieron con tristeza (45%, tabla 1) la noticia del percance aéreo, ocurrido el martes pasado en la Ciudad de México, mientras sólo 8% de los encuestados respondió que les había causado una sensación de inseguridad.
Además, el trabajo de Juan Camilo Mouriño como titular de la Secretaria de Gobernación, cargo para el que fue designado a mediados de enero pasado, deja una impresión positiva, y 63% califica esa labor como buena o muy buena.
La mayoría de la población (51%, tabla 4) piensa que el desplome del avión fue un accidente, es decir, una opinión similar a la que se manifestó cuando murió el secretario de Seguridad Pública, Ramón Martín Huerta, en un accidente en un helicóptero hace tres años.
Sólo un tercio cree que se trató de un atentado (36%), y como suele suceder en este tipo de acontecimientos, quienes lo consideran así se sustentan más en suposiciones que en indicios o pruebas.
Las personas que se inclinan por la versión del atentado, asumen principalmente que se trataría de una respuesta a la lucha del gobierno federal contra el narcotráfico, aunque casi todos (87%, tabla 5) reconocen que no han visto o escuchado de evidencias que demuestren que efectivamente así ocurrió.
Probablemente, la mayor aceptación de las versiones sobre un accidente se deba a que la información oficial ha sido fluida a los ojos de la opinión pública. Y es que 72% (tabla 3) cree que la información ha sido oportuna, en tanto 74% piensa que ha sido cuidadosa.
De hecho, la mayoría (62%, tabla 6) de la población con teléfono dice haber visto las imágenes de radar que se han transmitido sobre la trayectoria del avión accidentado y sabe (65%) que especialistas de Estados Unidos e Inglaterra participan en las indagaciones.
También un segmento importante (44%) ha escuchado las grabaciones difundidas por las autoridades sobre las comunicaciones de la torre de control antes del desplome de la aeronave, así como las explicaciones al respecto (49%) del secretario de Comunicaciones y Transportes, Luis Téllez.
No obstante, la avidez de la población por conocer las causas de este tipo de tragedias lleva a posturas más encontradas sobre la suficiencia y transparencia de la información proporcionada hasta ahora.
En cualquier caso, la gente tiene opiniones divididas sobre la posibilidad de que el gobierno federal esclarezca las causas del avionazo (muy/bastante seguro de que lo logre se ubica en 46%; poco/nada seguro, en 48 popr ciento).
Pero la tragedia no genera una sensación de que hay debilitamiento gubernamental ante lo que pasa en el país. Por el contrario, ha disminuido el porcentaje de quienes creen que las cosas se salen de control respecto de meses anteriores (pasa de 51% a 46% de octubre a noviembre, tabla 2).

El imanginario colectivo por el atentado

Columna Itinerario Político/ Ricardo Alemán
Publicado en El Universal (www.wluniversal.com.mx), 10 de noviembre de 2008;
Piensan que fue atentado
Lo dejan ver en Los Pinos, en el PAN, en clan familiar de los Mouriño…
Regaño presidencial por las peleas, las intrigas, el ‘fuego amigo’…<
Si no lo dicen públicamente, pareciera que en la casa presidencial, en el PAN y el patriarca de los Mouriño, piensan que fue un atentado.
No lo dicen con claridad, pero lo insinúan en el discurso. ¿Qué saben en Los Pinos, en el PAN, en la familia Mouriño —que no sabemos los mortales—, y que los hace asociar la muerte de Mouriño con el narcotráfico?
¿Qué saben, como para que el presidente Calderón se haya negado a hablar de un accidente —en los dos primeros discursos sobre el tema—; para que en carta pública el padre de Juan Camilo hable de “derrotarlos”, de que con la muerte de su hijo no deben cambiar el rumbo del gobierno, y para que Germán Martínez advierta que el PAN “no va a pactar con delincuentes”? ¿Qué olfatean que no nos han dicho?
Y no, no es ni “una filtración palaciega” —como imaginan los que por edad han olvidado el arte del reporteo—, ni se trata de una lectura fuera de contexto. La conclusión está en la discursiva de Germán Martínez en la carta personal y hecha pública de Manuel Carlos Mouriño Atanes, padre del desaparecido Juan Camilo Mouriño y, por si hiciera falta, en los dos primeros discursos del presidente Felipe Calderón.
Ayer, en la sede nacional del PAN —y antes del duro regaño del Presidente a la dirigencia del partido—, Germán Martínez dio forma a un discurso presentado como carta personal a Mouriño. Dijo, entre mucho más:
“Por la memoria de Juan Camilo Mouriño, no vamos a permitir que el narcotráfico y las drogas lleguen a nuestros niños… por tu memoria limpia y valiente, el PAN no va a pactar con delincuentes, por eso te prometo que sin flaquezas ni desmayos, sin miedo y sin vacilaciones, los panistas estaremos al lado del presidente Calderón… porque son más dolorosos los males por la cobardía que una muerte inesperada en plenitud de su vigor y participando de una esperanza común… nunca te dobló el miedo ni a ti ni a tu inseparable amigo Arcadio”.
¿Qué quiso decir el líder nacional del PAN? ¿A poco no es cierto que se crea una asociación nada casual entre la “guerra” del gobierno contra el narcotráfico y la muerte de Mouriño? El jefe del PAN no lo dice, pero lo insinúa —y peor aún—, lo refleja en su discurso.
Ayer se hizo pública una carta personal de Manuel Carlos Mouriño Atanes, en la que reflexiona sobre la muerte de su hijo, su desempeño en el gobierno y el futuro. Una parte del texto dice así:
“Iván, tu accidente no puede cambiar el rumbo de las cosas. El accidente nos tiene que quedar claro, que la lucha tuya y de las autoridades tiene que continuar con tanta o más fuerza que hasta ahora. Convencidos de que los vamos a derrotar, que hay un ejército ciudadano detrás de todos nosotros, del Presidente, de las cámaras, de los partidos, de las autoridades y de las instituciones, que nos empujan con fuerza.
“Que sabemos que en la dificultad está el empuje de miles de ciudadanos que han dicho basta. Que cada vez somos más y más decididos. Que los vamos a acorralar, empujar al precipicio y que, con su derrota, podamos sonreír y decirles a todos los que lucharon por los mismos ideales MISIÓN CUMPLIDA. Podéis descansar en paz”. Hasta aquí la cita.
¿A qué cambio de rumbo se refiere el padre de Mouriño? ¿A bajar la guardia frente al narco? ¿A quién está convencido que derrotará el gobierno, según el padre del secretario de Gobernación? ¿Acaso habla del narco? ¿A quién van a “acorralar” sociedad y gobierno? ¿A quién van a “empujar al precipicio”, para que con esa derrota se haga realidad el “MISIÓN CUMPLIDA”. ¿Acaso será al crimen organizado y el narcotráfico? Piensan en la eventualidad de un atentado. Pero no lo dicen.
En el hangar presidencial y en el homenaje en el Campo Marte, el presidente Calderón habló de la tragedia de Juan Camilo Mouriño, pero nunca la reconoció claramente como un accidente. Calderón también piensa en un atentado, aunque no lo dice con claridad. Y bueno, hasta el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, al hablar sobre el tema y enviar condolencias al gobierno de México, asoció la tragedia con la guerra que se libra contra el narcotráfico. Y es que en el contexto de una guerra contra el narco, un hecho como ése no deja mucho margen para las fallas mecánicas o humanas. El imaginario colectivo se queda en atentado.
EN EL CAMINO
¿Y quién acusará recibo del regaño presidencial? ¿Se refería a Germán Martínez? ¿A los que desataron el fuego amigo contra Mouriño? ¿A los que pelean por el cargo en Gobernación? Se acordará Calderón que Fox lanzó un regaño igual que movió su renuncia al gabinete? Al tiempo.

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