30 jul. 2017

“La trata de personas es plaga aberrante y esclavitud moderna”

Con ocasión del “Día mundial de la dignidad de las víctimas de la trata de seres humanos”, promovido por las Naciones unidas este 30 de julio de 2017, el papa Francisco ha llamado “al compromiso de todos” afín de combatir este “azote aberrante, forma de esclavitud moderno”.
La lucha contra el tráfico de seres humanos es un compromiso personal del papa argentino: que en el 2014, puso en marcha el organismo internacional “Grupo Santa Marta”.
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“La trata de personas es plaga aberrante y esclavitud moderna”
Vatican Insider, 30/07/2017
GIACOMO GALEAZZI
CIUDAD DEL VATICANO
Advertencia del Papa contra la explotación laboral y sexual, y contra el tráfico de órganos. «Oremos junto con la Virgen María para que ella sostenga a las víctimas de la trata y convierta los corazones de los traficantes». 

Durante el Ángelus de hoy recordó que se celebra el Día Mundial contra la Trata de Personas, promovido por las Naciones Unidas. «Cada año, miles de hombres, mujeres y niños son víctimas inocentes de la explotación laboral, sexual y del tráfico de órganos —afirmó Francisco. Y parece que nos hemos acostumbrado a considerarla una cosa normal. ¡Estos es feo, es cruel, es criminal! Deseo renovar mi llamamiento al empeño de todos, con el fin de que esta “plaga aberrante de esclavitud moderna”, sea aplacada adecuadamente». Al final de su llamado, el Pontífice recitó con los fieles un Ave María. Y a todos los que se encontraban reunidos en la Plaza San Pedro propuso la «alegría del Evangelio», que «llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús». Efectivamente, «los que se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría». El Reino de Dios requiere «dinamismo, búsqueda y sacrificio». 
Antes de la oración mariana, el Papa Francisco comentó el discurso parabólico de Jesús, que reúne «siete parábolas en el capítulo décimo tercero de Evangelio de Mateo, se concluye con las tres semejanzas de hoy: el tesoro escondido, la perla preciosa y la red de pesca». El Papa reflexionó sobre las primeras dos, que «subrayan la decisión de los protagonistas de vender toda cosa para obtener aquello que han descubierto». En el primer caso, explicó, «se trata de un campesino que casualmente se topa con un tesoro escondido en el campo donde está trabajando. No siendo el campo de su propiedad, debe comprarlo si quiere entrar en poseso del tesoro: entonces decide arriesgar todos sus haberes para no perder aquella ocasión de veras excepcional. En el segundo caso encontramos un mercader de perlas preciosas; él, como experto conocedor, ha descubierto una perla de gran valor. También él decide apuntar todo en aquella perla, al punto de vender todas las otras». 
Estas semejanzas, según Francisco, resaltan dos características sobre la posesión del Reino de Dios: la búsqueda y el sacrificio. «El Reino de Dios es ofrecido a todos, pero no está puesto a disposición en una bandeja de plata, necesita un dinamismo: se trata de buscar, caminar, ocuparse —advirtió Jorge Mario Bergoglio. La actitud de la búsqueda es la condición esencial para encontrar; es necesario que el corazón arda del deseo de alcanzar el bien precioso, es decir, el Reino de Dios que se hace presente en la persona de Jesús. Es Él el tesoro escondido, es Él la perla de gran valor. Él es el descubrimiento fundamental, que puede dar un viraje decisivo a nuestra vida, llenándola de significado». 
Frente a ese descubrimiento inesperado, «tanto el campesino come el mercader se dan cuenta que tienen delante una ocasión única que no deben dejarse escapar, por lo tanto, venden todo aquello que poseen». Entonces, «la valuación del valor inestimable del tesoro, lleva a una decisión que implica también sacrificio, separaciones y renuncias». Y, prosiguió Francisco, «cuando el tesoro y la perla han sido descubiertos, es decir, cuando hemos encontramos al Señor, es necesario no dejar estéril este descubrimiento, sino sacrificarle cualquier otra cosa». Por ello no se trata de «despreciar el resto sino de subordinarlo a Jesús, poniéndolo a Él en el primer lugar. La gracia en primer lugar. El discípulo de Cristo no es uno que se ha privado de algo esencial, es uno que ha encontrado mucho más: ha encontrado la alegría plena que sólo el Señor puede donar. Es la alegría evangélica de los enfermos curados, de los pecadores perdonados, del ladrón a quien se le abre la puerta del paraíso». 
 Hoy, recordó el Pontífice, «somos exhortados a contemplar la alegría del campesino y del mercader de las parábolas. Es la alegría de cada uno de nosotros cuando descubrimos la cercanía y la presencia consoladora de Jesús en nuestra vida». Una presencia que «transforma el corazón y nos abre a las necesidades y a la acogida de los hermanos, especialmente de aquellos más débiles». Por ello el Papa invitó a los fieles a pedir la intercesión de la Virgen María, para que cada uno de nosotros «sepa dar testimonio, con las palabras y los gestos cotidianos, de la alegría de haber encontrado el tesoro del Reino de Dios, es decir, el amor que el Padre nos ha donado mediante Jesús». 
 Después del Ángelus, Francisco saludó a «todos los peregrinos que vienen de Italia y de diferentes países, en particular las Monjas Murialdinas de San José, las Novicias de las Monjas de María Auxiliadora, los Ministrantes de diferentes parroquias italianas y el Club Italiano de Hockey Femenino e Buenos Aires». Como acostumbra, deseó a todos un buen domingo y pidió oraciones por él. 

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