Crónica de una Soberanía en Disputa
La política se explica mejor por sus ausencias. Este jueves, el gran protagonista en el Senado fue una silla vacía: la de la gobernadora Maru Campos. Lo que debió ser un trámite técnico sobre la incursión de agentes estadounidenses se tornó visceral. Ante el escaño vacío, la bancada de Morena no vio un proceso, sino un desafío constitucional, bautizando a la mandataria como "Lady CIA".
El momento más crudo llegó con Javier Corral. En una disección quirúrgica y personal, denunció una "mentira institucionalizada", acusando a la fiscalía estatal de usar como chivo expiatorio a un comandante fallecido para encubrir la infiltración extranjera a espaldas de la Federación. En la tribuna, la soberanía dejó de ser un concepto legal para convertirse en una acusación de farsa judicial.
La oposición respondió denunciando una "esquizofrenia política". Mario Vázquez cuestionó por qué la soberanía se defiende con furia en Chihuahua mientras se guarda un silencio sepulcral ante el caso Sinaloa. Ricardo Anaya selló el argumento evocando a Michael McCaul: si Washington afirma que el Gobierno de México no ignoraba los movimientos, la tesis de la omisión federal se desmorona. Para el PAN, no hubo descuido, sino una mirada que decidió no ver.
Más allá del estruendo, voces como las de Clemente Castañeda y Claudia Anaya señalaron el síntoma real: un Estado que no se habla entre sí, con un Senado que renuncia a vigilar y una Cancillería sin control sobre el suelo nacional.
Mientras la presidenta Sheinbaum intenta disipar tensiones con una nota diplomática que promete respeto al orden constitucional, el destino de Maru oscila entre la FGR y el juicio político. En un México fracturado, la soberanía ha dejado de ser un manto protector para convertirse en un arma arrojadiza. La moneda sigue en el aire, pero la clave —como siempre— sigue estando en un Washington que rara vez informa todo.